Calle Guillermo Haro

Por Ana Luisa Guerrero

La zona de corporativos Santa Fe, en el Distrito Federal, da cobijo a la calle Guillermo Haro Barraza, en honor al astrónomo, investigador y académico mexicano, uno de los fundadores del Instituto Nacional de Astrofísica, Óptica y Electrónica (INAOE).

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De un talento extraordinario, detectó nebulosas planetarias en dirección al centro de la galaxia y descubrió condensaciones de nubes de alta densidad junto a regiones ricas en estrellas de reciente formación, actualmente llamadas Objeto Herbig-Haro, en referencia al descubrimiento simultáneo que realizó George Herbig.

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Calle Luis Enrique Erro

Por Ana Luisa Guerrero

El cráter de la Luna con coordenadas Latitud 6º Norte, Longitud 98º Este, se llama Luis Enrique Erro Soler, en honor del mexicano que contribuyó a cimentar la astronomía nacional al impulsar la construcción del Observatorio de Tonantzintla, en Puebla, y fundar el Instituto Nacional de Astrofísica.

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No obstante, aquí en la tierra su nombre también lo lleva una calle en la Unidad Profesional Zacatenco, del Instituto Politécnico Nacional (IPN), del cual fue fundador; una más en Puebla, donde se ubican el Instituto Nacional de Astrofísica, Óptica y Electrónica (INAOE) y el Observatorio Astronómico de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), y otra en Ciudad Satélite, en el Estado de México.

Hijo de padres emigrantes españoles, desde joven Erro estudió en las facultades de Ingeniería Civil y Contabilidad, y en la Escuela de Altos Estudios, hoy Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Su afinidad por la astronomía lo llevó a realizar un posgrado en el Observatorio de las universidades de Hardvard, Cambridge y Massachussets, en Estados Unidos.

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La calle Charles Darwin, en el Distrito Federal

Por Ana Luisa Guerrero

Un camellón arbolado y florido delinea la calle Charles Darwin, de la colonia Anzures en el Distrito Federal, que recuerda la fascinación por la biología que sentía el naturalista inglés que estremeció a la comunidad científica del siglo XIX con la publicación de sus teorías del origen de las especies a través de la selección natural.

Esta vialidad en la que convergen lo mismo casas, comercios, oficinas y hasta restaurantes recuerdan la figura de quien, por sus trabajos, colaboró a la fundación de la biología como ciencia.

De familia adinerada, Charles Darwin dejó sus estudios de Medicina en la Universidad de Edimburgo, Escocia, tras su rechazo a las operaciones quirúrgicas de la época sin el uso del cloroformo. Su pasión por las ciencias naturales lo llevó a estudiar en la Universidad de Cambridge y a dedicarse a la investigación de los seres vivos para explicar su origen y evolución.

En 1838 presentó su teoría de la selección natural y en 1859 publicó “El Origen de las Especies por medio de la Selección Natural, o la Preservación de las Razas Preferidas en la Lucha por la Vida”, en el que plantea que los organismos compiten por la sobrevivencia y sólo aquellos que se adaptan mejor al ambiente obtienen más recursos y se reproducen más y mejor.

Además explicó que la diversidad que se observa en la naturaleza se debe a las modificaciones acumuladas por la evolución a lo largo de varias generaciones, en tanto que organismos semejantes tienen un antepasado común, y deducía que esta premisa aplica para todos los mamíferos, incluso el hombre.

Estos planteamientos provocaron gran impacto en la sociedad al dejar de lado la teoría creacionista del origen sobrenatural de la vida, las especies y los seres humanos.

Darwin asentó la mayoría de sus estudios en los diarios de viaje a bordo del bergantín Beagle, durante cinco años por las costas de Sudamérica, las islas Galápagos, Tahití, Australia, Nueva Zelanda, Tasmania, la isla de Keeling, Brasil y las Azores.

En su travesía hizo estudios de botánica y geología, además de analizar la vida silvestre de la región y de recopilar numerosos especímenes de animales, plantas y fósiles.

El padre de la Teoría de la Evolución murió en 1882 y sus restos reposan en la abadía londinense de Westminster.

 

 



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Calle Manuel Sandoval Vallarta, el mexicano amigo de Einstein

Por Ana Luisa Guerrero

En el fraccionamiento Vértice, en Toluca de Lerdo, Estado de México, una calle recuerda al científico mexicano que fue amigo de Albert Einstein.

Se trata de Manuel Sandoval Vallarta, físico que contribuyó a descifrar los rayos cósmicos, y que viajaba a Princeton, Estados Unidos para acompañar con su violonchelo al Premio Nobel, quien tocaba el piano.

De acuerdo con relatos de la esposa del mexicano, María Luisa Margáin, los fines de semana iban de Boston a disfrutar de la música en compañía del científico de origen alemán, con quien compartía también puntos de vista sobre relatividad y mecánica cuántica.

Sandoval Vallarta se graduó en 1921 como ingeniero eléctrico y en 1924 como doctor en Ciencias con especialidad de Física Matemática por el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT). Tres años después estudió en la Universidad de Berlín tras ganar la beca Guggenheim, donde recibió clases del propio Einstein y de los científicos Erwin Schödinger, Max von Laue y Max Planck.

A su regreso a Estados Unidos fue nombrado profesor titular en el MIT y trabajó en la teoría cuantitativa del movimiento de partículas cargadas de electricidad en campos magnéticos terrestres, que explica la disminución de la potencia de los rayos cósmicos cerca del ecuador, y que derivó en la teoría Lemaître-Vallarta.
Además desarrolló la teoría de la radiación cósmica primaria, su aplicación en investigaciones sobre el campo magnético solar y los efectos de la rotación de la galaxia.

En México, Manuel Sandoval Vallarta colaboró con un programa científico para el Instituto de Física de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) creado en 1939. Fue director del Instituto Politécnico Nacional (IPN) de 1944 a 1947 y mantuvo su trabajo en la investigación y la divulgación de la ciencia.

Fue condecorado con la medalla de la Legión de Honor por el gobierno de Francia, en 1952; en nuestro país obtuvo el Premio Nacional de las Ciencias y Artes en 1959.

Murió el 18 de abril de 1977 y sus restos descansan en la Rotonda de las Personas Ilustres.

 

 



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Calles Rodolfo Neri, del espacio a la Tierra

Por Ana Luisa Guerrero

El nombre de Rodolfo Neri quedó grabado en las páginas de historia hace 30 años por ser el primer astronauta mexicano que viajó al espacio, a bordo del transbordador Atlantis, de la Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio (NASA, por sus siglas en inglés). Hoy, por su aporte en la ingeniería espacial, las comunicaciones y la divulgación de la ciencia, tres calles en nuestro país llevan su nombre.

En su natal Chilpancingo de los Bravo, Guerrero; en El Cayaco, Acapulco; y en el Bosque de Chapultepec, en el Distrito Federal, el egresado de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) puede verse reflejado en la nomenclatura de vialidades que recuerdan el por qué es verdadero ejemplo a seguir.

Guerrero, el estado que lo vio nacer, reconoció al mexicano que llevó los colores patrios al espacio al darle su nombre a una vía en la colonia donde tuvo su primera infancia, y en la cual se sitúa el Centro de Bachillerato Tecnológico Industrial para servir de impulso a los jóvenes que ahí se forman.

En Acapulco, existe otra calle con su nombre a unas cuadras de la carretera que lleva a Puerto Marqués, una zona habitacional que la enmarca el verdor de platanares y palmeras propias de la costa guerrerense.

La Ciudad de México, donde reside desde los cinco años de edad tras mudarse al lado de su familia, le rindió un homenaje al designar a una de las vías dentro del Bosque de Chapultepec con su nombre para atractivo de ciudadanos y turistas que, a su paso, se encuentran con el Museo del Cárcamo y la Fuente de Tláloc.

Como divulgador científico, Neri Vela ha escrito diversos artículos en la revista Ciencia y Desarrollo que publica el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), y conducido su emisión televisiva llamada Cambio.

El también maestro en Sistemas de Telecomunicación por la Universidad de Essex, y doctor en Radiación Electromecánica en la Universidad de Birmingham, en Reino Unido, es un prolífico escritor con textos dirigidos a niños y jóvenes, así como títulos universitarios en materia de telecomunicaciones e informática.

 

> Más información de Rodolfo Neri Vela

 



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Calle Mario Molina

Por Susana Paz

Recorriendo la Zona Centro de Veracruz, aparece la calle Mario Molina y cruza la avenida Ignacio Allende. El calor asciende y la cercanía del Golfo de México suelta una brisa marina.

Mario Molina nació en la Ciudad de México en 1943. Su madre fue Leonor Henríquez y su padre, Roberto Molina Pasquel, fue abogado; tenía un despacho particular y también era maestro en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). En sus últimos años representó a México como embajador en Etiopía, Australia y Filipinas.

En una autobiografía publicada por la UNAM, Molina afirmó: “Antes de entrar a la secundaria ya me fascinaba la ciencia. Aún recuerdo mi emoción cuando vi por primera vez paramecios y amibas a través de un microscopio de juguete más bien primitivo. Convertí entonces en laboratorio un baño de la casa que apenas usábamos, y pasé largas horas ahí entreteniéndome con juegos de química. Con la ayuda de una tía, Esther Molina, que es química, seguí realizando experimentos más desafiantes en la línea de aquellos realizados por estudiantes de química de los primeros años de universidad”.

Estudió ingeniería química en la UNAM. Realizó estudios de posgrado en la Universidad de Friburgo, Alemania y recibió un doctorado en Fisicoquímica de la Universidad de California, Berkeley, en Estados Unidos.

A Mario Molina se le ha calificado como un pionero y uno de los principales investigadores a nivel mundial de la química atmosférica. Fue coautor, junto con F.S. Rowland en 1974, del artículo original que predecía el adelgazamiento de la capa de ozono como consecuencia de la emisión de ciertos gases industriales, los clorofluorocarburos (CFCs), que les mereció el Premio Nobel de Química.

El mismo Molina afirmó al respecto: “Cuando elegí por vez primera el proyecto de investigación sobre el devenir de los clorofluorocarbonos en la atmósfera, fue simplemente por curiosidad científica. No consideré en ese momento las consecuencias ambientales de lo que Sherry y yo comenzábamos a estudiar”.

Sus investigaciones y publicaciones sobre el tema llevaron al Protocolo de Montreal de las Naciones Unidas, el primer tratado internacional que retomó un problema ambiental a escala global y de origen antropogénico.

Molina y su grupo de investigación publicaron una serie de artículos entre 1976 y 1986 que identificaron las propiedades químicas de compuestos que juegan un papel esencial en la descomposición del ozono de la estratosfera.

Demostraron también, en el laboratorio, la existencia de una nueva clase de reacciones químicas que ocurren en la superficie de partículas de hielo incluyendo aquellas que están presentes en la atmósfera. Propusieron y demostraron en el laboratorio una nueva secuencia de reacciones catalíticas que explican la mayor parte de la destrucción del ozono en la estratosfera polar.

Fue profesor en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) de 1989-2004; profesor e investigador de la UNAM entre 1967 y 1968; de la Universidad de California, Irvine, entre 1975 y 1979 y del Laboratorio de Propulsión a Chorro del Instituto Tecnológico de California (Caltech) en el periodo 1982 a 1989.

Es miembro de la Academia Nacional de Ciencias y del Instituto de Medicina de los Estados Unidos, y desde abril de 2011 es uno de los 21 científicos que forman parte del Consejo de Asesores de Ciencia y Tecnología del Presidente Barack Obama, (PCAST).

Además, es miembro distinguido de la Pontificia Academia de las Ciencias del Vaticano, del Colegio Nacional, la Academia Mexicana de Ciencias y la Academia Mexicana de Ingeniería, entre otras.

Por su contribución a la ciencia ha recibido numerosos galardones, incluyendo más de 30 doctorados honoris causa, el Premio Tyler de Energía y Ecología en 1983, el Premio Sasakawa de las Naciones Unidas en 1999, el Premio Nobel de Química en 1995, el Premio Campeones de la Tierra que otorga Naciones Unidas y es el primer mexicano en recibir la Medalla Presidencial de la Libertad de Estados Unidos.

Actualmente, es investigador de la Universidad de California en San Diego (UCSD), donde forma parte del Departamento de Química y Bioquímica y del Instituto de Oceanografía SCRIPPS.

En México preside, desde 2005, un centro de investigación y promoción de políticas públicas que lleva su nombre, donde se realizan estudios sobre energía y medio ambiente.

 

Fuentes:
• Centro Mario Molina para Estudios Estratégicos sobre Energía y Medio Ambiente.
www.nobel.unam.mx/molina/autobio.htmlautobio.html

 



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Calle Thomas Alva Edison

Por Susana Paz

edison01Calle Thomas Alva Edison, ubicada cerca del Museo de San Carlos y el Monumento a la Revolución en la delegación Cuauhtémoc, Distrito Federal.

Inventor y empresario estadounidense nacido en 1847. Desde muy joven empezó a trabajar vendiendo periódicos en un tren que iba de Port Hurton a Detroit. Con los recursos que logró reunir instaló un laboratorio de química en el furgón de equipajes; al ocurrir un incendio, lo echaron del tren.

Después tuvo un golpe de suerte al ayudar a un niño y evitar un accidente, el padre del niño, agradecido, le enseñó telegrafía y se convirtió en uno de los telegrafistas más rápidos de su tiempo.

En 1868 se mudó a Boston y patentó su primer invento, un “Dispositivo para registrar mecánicamente los votos del Congreso”. Posteriormente, en Nueva York, logró conseguir un mejor empleo por haber arreglado un telégrafo de la empresa en la que trabajaba.

Meses después se convirtió en inventor profesional comenzando por un “Indicador de cotizaciones eléctrico y automático” que había diseñado durante su estancia en Wall Street.

edison02Para 1876 montó un laboratorio en Menlo Park, destinado a ser una “Fábrica de inventos” en donde se propuso como objetivo desarrollar un invento cada diez días, por lo que fue llamado “El Mago de Menlo Park”, y tuvo como su creación “consentida”, el Fonógrafo.

Tres años después “nació” la luz eléctrica en la calle de Menlo Park y periodistas de todo el mundo cubrieron el acontecimiento más importante del inventor y uno de los más relevantes de la historia.

Para muchos, Edison fue un hombre práctico ya que además de inventar, dio al proceso de invención un carácter de producción en masa, por lo que se afirma que es difícil decir cuál de sus inventos es su máxima aportación. Isaac Asimov, en su obra Momentos estelares de la ciencia, afirma que “su contribución a la ciencia fue la idea general de un progreso continuo e inevitable, materializado gracias a esforzados investigadores que trabajan en grupo o en solitario, con el objetivo de ensanchar el horizonte del hombre”.

 

Fotografías de Thomas Alva Edison:
1.- Thomas Edison, retrato de 3/4, sentado, viendo al frente. [Public domain], via Wikimedia Commons.
2.- Thomas Edison y su primer fonógrafo. Recorte de una copia de la biblioteca del congreso estadounidense. Versión retocada. Polvo eliminado por Arad. [Public domain], via Wikimedia Commons.

 



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Calle Marie Curie

Por Susana Paz

Al rodear el Museo Torres del Bicentenario, cerca de la avenida Paseo Tollocan, en Toluca, Estado de México, aparece la calle Marie Curie, que refiere a una de las mujeres más grandes en la historia de la ciencia.

curie02bMarie Sklodowska nació en Varsovia, Polonia, el 7 de noviembre de 1867. Una zona que estaba bajo el dominio de la Rusia zarista que no fomentaba la educación entre los polacos ni permitía a las mujeres asistir a la universidad.

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Calle Albert Einstein

Por Susana Paz

Calle ubicada en Toluca de Lerdo, Estado de México, cerca de la Facultad de Ciencias de la Conducta de la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEM) y el famoso Cosmovitral Jardín Botánico, considerado el más grande del mundo.

Albert Einstein, físico alemán de origen judío, nacido en 1879, publicó artículos de vanguardia en las teorías cuántica, molecular y de la relatividad, que transformaron a la física.

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