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Intercambio cultural en el México prehispánico

Por Marytere Narváez

Mérida, Yucatán. 22 de enero de 2016 (Agencia Informativa Conacyt).- El salvamento arqueológico El Cortijo-Jardines de Las Fuentes, ubicado en el estado de Colima, ha sido estudiado para conocer la relación entre México y América del Sur a partir de los restos óseos de 57 entierros prehispánicos que datan aproximadamente del año 1454 a. C., según la investigación realizada por Angélica González Alberto Roman Berrelleza01Oliver, de la Facultad de Ciencias de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Saúl Alcántara Salinas, arqueólogo del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) de Colima, y Juan Alberto Román Berrelleza, antropólogo físico del Museo Templo Mayor del INAH.

En entrevista con la Agencia Informativa Conacyt, Román Berrelleza detalló avances de la investigación presentados en el marco del Segundo Simposio de Cultura Maya Ichkaantijoo, organizado por el INAH de Yucatán.

El estudio se realizó a partir de una colección excavada por Alcántara Salinas en la unidad habitacional Las Fuentes —ubicada en lo que fueron los terrenos del rancho El Cortijo—, de la no se había podido obtener mucha información debido principalmente a que casi toda la identificación se ha hecho con base en los materiales culturales asociados a los entierros, concretamente a la cerámica. 

“Se presume que estos materiales proceden de influencia sudamericana o incluso pueden ser sudamericanos, lo cual establecería una situación de probables contactos o intercambios con estas culturas sudamericanas de las áreas de Ecuador y de Perú”, comentó Román Berrelleza.

A partir de dicha información se desprendió la hipótesis de que probablemente existieran estos contactos no únicamente de materiales, sino también de probables individuos, y la única forma de identificarlos fue a través de ADN antiguo. 

“Nuestro proyecto consiste en hacer la identificación de este material genético para primero compararlo con población de la que se tienen datos de ADN antiguo de México, sobre todo de la región de Colima y, posteriormente, compararlos con los datos de material genético de población sudamericana de Ecuador y Perú”, expuso el investigador.

Metodología

El primer paso consiste en descontaminar el material debido a que el ADN moderno compite con el antiguo y se corre el riesgo de amplificar el primero en lugar del segundo. “Al momento de estar hablando hay millones de microgotas que llevan células muertas de nuestra boca, la piel, el cabello, el sudor, y el proceso implica limpiar lo mejor que podamos el hueso antiguo, para lo que existen muchos controles”, comentó el antropólogo físico.

Una vez descontaminado, se procede a la extracción del ADN del hueso antiguo con una serie de compuestos que desnaturalizan el hueso y eliminan los elementos inorgánicos para preservar únicamente la parte orgánica donde puede encontrarse el ADN.

"Cuando extraemos el material, todavía no estamos muy seguros de que sea ADN, por lo que se procede a eliminar todas las partes que impiden su reproducción, como el material genético de bacterias, de hongos y de virus que pueden estar contenidos en la matriz de tierra donde estuvieron por al menos dos mil 500 años, como por ejemplo iones de hierro, de calcio, todo ese tipo de contaminantes que pueden impedir que podamos reproducir millones de veces la parte del ADN que nos interesa”, apuntó el investigador.

electroforesis01 huella geneticaElectroforesis. Créditos: Mnolf (GFDL & CC BY-SA 3.0).Una vez que se obtiene el material genético humano inicia su replicación por PCR, reacción en que se utilizan enzimas que reconocen la secuencia específica de ADN. Para visualizar el resultado y conocer el éxito o el fracaso del proceso, se expone a una técnica llamada electroforesis que consiste en someter a electricidad los extractos que se reprodujeron para separar en bandas visibles los fragmentos reproducidos.

“Los resultados que llevamos hasta este momento nos indican que como nuestra pretensión es caracterizar genéticamente a esta antigua población de la cultura Capacha de Colima, hasta ahora hemos tenido que varios individuos pertenecen al marcador B, del A no hemos obtenido resultados y nos falta probar el marcador C y el D”, agregó Román Berrelleza.

Estos marcadores permiten diferenciar en el tiempo y espacio las oleadas migratorias que poblaron Mesoamérica y que continuaron hacia Sudamérica. Los cuatro marcadores indican la pertenencia a ciertos linajes genéticos que se distribuyeron a lo largo de esta gran área cultural. De acuerdo con el investigador, se considera que el marcador A fue el primero, el B, el segundo, el C, el tercero y el D, el cuarto. Recientemente se ha descubierto otro marcador denominado X, aunque es muy poco distribuido entre la población prehispánica estudiada por los investigadores del proyecto.

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